Mi Testimonio

En 2015 me diagnosticaron cáncer. Me dieron tres meses de vida.

Hoy estoy aquí para contarlo.

Soy una persona multifacética, inquieta, profundamente conectada con el arte, la moda y la filantropía. Siempre tuve una gran vocación de servicio, pero fue el cáncer lo que me llevó a descubrir mi verdadero propósito de vida, mi Ikigai, como dicen los japoneses, y a convertir una de las experiencias más difíciles de mi vida en una oportunidad de ayudar a otros.

Desde el momento en que me diagnosticaron, tomé una decisión que lo cambió todo: yo me enfermé, yo me curo. No quise ceder la soberanía de mi cuerpo sin conocerlo a fondo. Me pregunté por qué nos conocemos tan bien por fuera y tan poco por dentro, y esa pregunta se convirtió en el motor de todo lo que vino después. Empecé a estudiar, a investigar, a aplicar lo que aprendía, y los resultados que obtuve son hoy las herramientas que comparto con otras personas.

Aprendí que somos un todo integrado: cuerpo, mente y espíritu deben trabajar en armonía. Que el cerebro, el intestino y el corazón están profundamente conectados. Y, sobre todo, aprendí que todos tenemos el poder de autosanar. Nuestro cuerpo tiene una capacidad extraordinaria de regenerarse, simplemente nos olvidamos de eso. Normalizamos la enfermedad cuando lo que deberíamos normalizar es la salud.

Fruto de ese camino nació mi libro 'Una ventana a la vida. Cáncer: Así me curé yo', un libro lleno de color, de alegría y de herramientas concretas para quienes quieran tomar las riendas de su salud. Fue reconocido con el Premio Nacional Español «Prenamo» a la excelencia en Artes Literarias, y hoy lleva más de 30 ediciones, con presencia en Argentina y España, y traducción al inglés, alemán, francés e italiano.

Creo firmemente que la salud es el lujo innegociable. Sin ella, nada tiene valor real. Por eso me dedico a compartir todo lo que aprendí: que podemos gestionar nuestras emociones, elegir los mensajes que le enviamos a nuestro cuerpo, rodearnos de color y de alegría, y vivir en armonía con nosotros mismos. Porque vinimos a ser felices, y eso también es una decisión.

Hoy, como testimonio de resiliencia, sigo contando mi historia. No para hablar del cáncer, sino para hablar de la vida que descubrí al otro lado de él.